Introducción Según datos de la OMS, el 20% de la población mundial tiene más de 65 años de edad y se especula que, para el 2025, este porcentaje alcanzará el 29%. Con el aumento de la expectativa de vida y el progreso de la ciencia se produjeron cambios importantes sobre el tipo de enfermedades que afectaban a los seres humanos, al menos en el mundo desarrollado. A principios del Siglo XX la neumonía y la tuberculosis eran las principales causas de muerte y discapacidad. Actualmente esas enfermedades han sido reemplazadas por el cáncer, la diabetes y las dolencias cardiovasculares.
Para poder vivir mayor cantidad de años con un adecuado estado de salud, es importante el tipo de modo de vida, que es el único factor que puede ser modificado por cada persna, ya que los aspectos genéticos y ambientales son independientes del individuo. Dentro del modo de vida, los dos aspectos que más se pueden mejorar son la alimentación y el ejercicio físico.
Población saludable en el 2010 Población Saludable en el 2010 (Healthy People 2010) es una iniciativa actualmente en desarrollo en los Estados Unidos, con participación de agencias estatales y gubernamentales. Se fundamenta en conocimientos científicos y busca medir, a lo largo del tiempo, el progreso que puede surgir de los estudios y de las medidas que destinados a detectar y modificar las principales causas que afectan la salud, y establecer objetivos nacionales para reducirlas.
Los dos objetivos principales de esta iniciativa son: aumentar la expectativa y la calidad de vida de la población, y eliminar las disparidades en la salud. En los Estados Unidos la salud difiere según la situación económica y las características étnicas de las personas. Por ejemplo, existe una mayor mortalidad infantil entre los afro-americanos, y una mayor tasa de diabetes entre los individuos de ascendencia hispánica.
Las investigaciones señalan que la cantidad y calidad de la alimentación constituyen un factor primordial para mejora la calidad de vida y aumentar la longevidad.
Nuevas modificaciones en las normas alimentarias Las recomendaciones sobre dosis y cantidades de alimentos y nutrientes (
Recommended Dietary Allowances: RDA) fueron creadas en 1940 para establecer las necesidades de nutrientes en la población. En 1990, el Instituto de Medicina de los Estados Unidos señaló la necesidad de incorporar cambios como resultado de los nuevos conocimientos científicos aportados por los estudios epidemiológicos sobre enfermedades del envejecimiento realizados en las últimas décadas. Así surgieron las Referencias Sobre el Consumo de Alimentos (
Dietary Reference Intakes: DRI), que no se limitan a la deficiencia de un determinado nutriente, sino en qué medida ese nutriente puede reducir el riesgo de una patología. Es decir que a diferencia de las RDA, que se basaba sobre las enfermedades por deficiencia de un nutriente, las DRI, además de contemplar ese aspecto, sugieren cambios o aumentos en la dosis de nutrientes que permitirían reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares o de cáncer.
Las DRI consisten de 4 aspectos de la nutrición:
• El promedio de requerimiento estimado de un determinado nutriente para reducir el riesgo de una determinada patología (
Estimated Average Requirement: EAR).
• Las RDA.
• El consumo adecuado (
Adequate Intake: AI).
• El nivel máximo tolerable de un nutriente (
Tolerable Upper Level: UL).
Las RDA indican la cantidad de nutrientes suficiente para cubrir las necesidades de la mayoría de los individuos. El EAR es el promedio de consumo diario de un nutriente que cubre los requerimientos de los individuos sanos a una determinada edad, ciclo de vida y sexo. Por ejemplo, el EAR para el hierro deriva de un modelo factorial que incluye la pérdida basal de hierro, la necesidad para la mujer embarazada durante el crecimiento fetal y durante el desarrollo del lactante y del niño, y los depósitos de hierro. Es así que, por ejemplo, la necesidad de hierro para la mujer con actividad menstrual es de 18 mg, y para la mujer posmenopáusica es de 5mg. La UL del hierro es de 45 mg. Como se puede apreciar, se dejó de lado el criterio rígido de la RDA, ya que en cada individuo, según su edad, sexo y factores de riesgo, puede haber grandes variaciones en las dosis requeridas de un determinado nutriente.
Nutrición y enfermedades crónicas La morbimortalidad global producida por las enfermedades infecciosas durante la primera mitad del Siglo XX, ha sido reemplazada por patologías crónicas como el cáncer, la osteoporosis, y las enfermedades cardiovasculares. Además, según los resultados de los estudios epidemiológicos, la OMS y el Instituto Nacional del Cáncer de los Estados Unidos determinaron que existe una relación entre estas enfermedades crónicas y el tipo de alimentación. Por ejemplo, una disminución en el consumo de folatos estaría asociada con un aumento de riesgo de cáncer colorectal, así como la disminución de calcio, vitamina K y vitamina D en la alimentación contribuye al desarrollo de osteoporosis.
Este tipo de asociaciones indica que, por ejemplo en el caso de la osteoporosis, más que la deficiencia de algún nutriente existirían patrones alimentarios saludables y otros no saludables.
Envejecimiento y nutrición El proceso normal de envejecimiento incluye cambios que pueden influir sobre el aspecto alimentario. La sensibilidad del gusto disminuye con la edad y lleva a un menor interés por los alimentos, y puede afectar el estado nutricional. Los mecanismos de la sed también se ven afectados por la edad y pueden llevar a los ancianos a la deshidratación.
Asimismo, la función inmunitaria está disminuida en los ancianos, y se ha observado que un consumo abundante de ácidos grasos del tipo omega 3 está asociado con un aumento de los eicosanoides, que son antiinflamatorios y también favorecen el aumento de los linfocitos T.
En muchos individuos, los cambios cognoscitivos que se producen durante el envejecimiento están afectados por el tipo de alimentación. El estrés oxidativo constituye un mecanismo importante que participa en el daño neuronal y los antioxidantes parecerían reducir este proceso.
Envejecimiento y actividad física La actividad física es esencial para asegurar una buena calidad de vida ya que disminuye el riesgo de diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, osteoporosis y sarcopenia. La masa muscular esquelética comienza a declinar a partir de los 45 años y es un parámetro para predecir futuras discapacidades. La OMS recomienda un mínimo de 30 minutos de actividad aeróbica, en lo posible todos los días de la semana y una actividad complementaria de tipo extenuante 2 a 3 veces por semana.
Desequilibro energético: exceso de alimentos Los requerimientos energéticos declinan con el transcurso de los años, por eso se observa la tendencia a la obesidad en muchas personas mayores de 45 años que realizan escasa actividad física y están influenciadas por la propaganda de comida chatarra. Actualmente en el mundo desarrollado, la obesidad tiene características de epidemia, ya que el 34% de las mujeres y el 28% de los hombres adultos son obesos. La obesidad aumenta el riesgo del síndrome metabólico, de la diabetes y de las enfermedades cardiovasculares.
El Ministerio de Agricultura de los Estados Unidos desarrolló un índice de salud alimentaria (Healthy Eating Index: HEI) que contiene 10 componentes con una puntuación de 0 a 100. Los componentes 1 a 5 están basados sobre los principales nutrientes de la pirámide alimentaria: granos, frutas, vegetales, carne y productos lácteos (
Figura 1). Los componentes 6 a 10 evalúan varios elementos como grasa total, grasas saturadas, colesterol y sodio.
| Figura 1 La pirámide alimentaria. AGPI: ácidos grasos poliinsaturados (Fuente: Oregon Health & Science University). |
Conclusión La expectativa de vida está aumentando y para alcanzar una longevidad efectiva en años y salud se debe hacer hincapié en un estilo de vida adecuado, fundamentalmente la alimentación y la actividad física. Numerosos estudios epidemiológicos establecieron pautas alimentarias para la prevención de las enfermedades del envejecimiento que están haciendo cambiar el enfoque de las recomendaciones establecidas originariamente por la RDA. Estas recomendaciones se han constituido en una guía que quedó anticuada por su rigidez en las dosis de nutrientes y por un enfoque limitado a las patologías producidas por las deficiencias de nutrientes.
Sobre la base de numerosos estudios en los últimos años se incorporó el concepto de que el aumento del consumo de determinados nutrientes puede aumentar la prevención de diversas enfermedades del envejecimiento.
El desafío actual es emplear los informes y resultados epidemiológicos disponibles para mejorar la calidad de vida de la población.
Tufts University, Boston, MA. Kennedy ET. Am J Clin Nutr 2006;83(suppl):410S– 4S.